02 de Diciembre 2021

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19/10/2021

Memorias 8. Entrevista a Marta Suárez

Continuamos con el Ciclo de Entrevistas a Militantes de Organismos de Derechos Humanos de la ciudad de Rosario con el objetivo de tender puentes entre el pasado y los desafíos que presenta el contexto actual de pandemia.


Tags: derechos humanos entrevistas  



Hoy dialogamos con Marta Suárez, militante de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas Rosario y del Colectivo Nacional de Ex presos políticos y familiares.


1- ¿Cómo se resignifica la lucha de los organismos hoy, teniendo en cuenta las desigualdades profundizadas por el contexto de la pandemia?
Los organismos, al igual que la sociedad en su conjunto, se han resentido muchísimo en la pandemia; sobre todo porque los organismos de Derechos Humanos (DDHH) se han caracterizado por la lucha expresada en la calle. La última y enorme manifestación espontánea tras el intento de Macri del “2x1” provocó que la sociedad fuera a la plaza, de manera desbordante, para que los genocidas sigan en la cárcel.
De todas maneras, creo que la pandemia nos tiene que interpelar más profundo y eso tiene que ver con re-pensar la tarea de los organismos. ¿La pandemia impide que nos juntemos? Hay momentos que, por supuesto, el cuidado tiene que ser extremo, pero hay otros momentos en que no es necesario y podríamos estar en la calle, podríamos ir a la plaza. El compromiso va mucho más allá, es un compromiso de cada uno. La interpelación debe ser mucho más profunda: no podemos echarle la culpa a la pandemia, necesitamos reciclarnos. Algunos compañeros ─los más jóvenes─ reclaman un trasvasamiento generacional, pero creo que tampoco va por ahí. Tenemos que preguntarnos: ¿cómo manifestamos o insertamos los DDHH en esta sociedad? Si pensamos en el “gatillo fácil”, todos tendríamos que estar con una bandera, sin embargo, no estamos. Necesitamos realzar profundamente el rol de los organismos de DDHH uniendo las luchas de aquellos años con lo que está pasando hoy. Nosotros no íbamos a las villas a dar clase porque sí, queríamos un cambio de verdad, nosotros queríamos el socialismo.
Entonces, hoy tendríamos que estar marchando ante los casos de gatillo fácil, ante todas las balaceras que ocurren en los barrios, por cada pibe que matan y por los pibes que no pueden estar en una plaza jugando porque se los llevan. Los DDHH hoy son iguales que hace 40 años, y hay que seguir en ese camino. El trabajo fundamental es el de unir las luchas.

2- ¿Qué relación hay entre tu experiencia vida y tu militancia? 
Pertenezco a una generación determinada: me tocó ser muy jovencita a fines de los ’60 en un mundo que bullía por todas partes: el Mayo Francés, las Panteras Negras, los hippies, el rock, Vietnam, los movimientos pacifistas; hechos que nos marcaron como generación. Además, en lo personal, en los años ‘70 cayeron presos mis dos hermanos y eso terminó de retumbar dentro de mí y me condujo a buscar una forma de militancia. En esa década colaboré con la Comisión de Familiares antes de caer presa y luego desarrollé tareas de denuncia durante el exilio. Aquí, de nuevo en el país y luego de cierto recorrido de militancia política, decidí reanudar mi pertenencia a Familiares y al Colectivo.

3- ¿Qué papel tienen los organismos en la construcción de la memoria histórica?  
Los organismos han tomado el rol de la discusión y conservación de la memoria, pero debemos ser claros para no ser injustos: algunas políticas desde el retorno de la democracia hasta acá también han tenido que ver con esa construcción. Si no se hubieran realizado los juicios de la verdad con Alfonsín, los organismos no hubieran tenido alguna posibilidad. Es decir, son impensables los juicios que se tramitan hoy sin esos juicios de la verdad; aquellos fueron el antecedente necesario, el puntapié que necesitaban los organismos para, después, ir por más.  Los organismos se mantuvieron heroicamente dentro de la dictadura y tuvieron un rol. Luego, asumieron un rol diferente, pero las políticas públicas que se generaron en democracia fueron clave. Claro que esto se debió a los movimientos de presión que generaban los organismos, los cuales no estaban solos debido a que la comunidad los acompañaba en las marchas.
Hoy, hay que arremeter: hay jóvenes que no saben que pasó el 24 de marzo, y eso pasa en los sectores empobrecidos. La labor es enorme. Además, esas cuestiones se dejaron en manos de la docencia, como si la docencia pudiera hacer todo. Hay docentes conscientes y comprometidos que hacen un trabajo impresionante, otros que no y otros que están en contra. Estos temas se dejaron en manos de personas que, con todo el derecho del mundo tienen diversas posiciones.  La clave es, por ejemplo, ver y analizar los hechos históricos, ver esa partecita de los ‘70, entender por qué paso eso, por qué se produjo el golpe de Estado, cuál fue la historia. ¿Sabemos lo que decían las organizaciones armadas? Creo que no. Teníamos un proyecto de país y queríamos el poder, queríamos subvertir el orden establecido porque lo habían establecido los militares asesinos. Ellos implantaban la represión y el terrorismo como forma de orden. ¡De eso nos queríamos subvertir! No queríamos ese orden que nos da el capitalismo, la explotación del hombre por el hombre; queríamos una sociedad inclusiva, igualitaria, socialista, justa, libre, y para eso teníamos que cambiar todo. Sobre los años ’70, el relato que subyace es que una cantidad de jóvenes que ayudaba a los pobres peleó por la democracia. Así nos bajan el precio. Me niego a pensar eso, sobre todo por los compañeros que hoy no están: nosotros queríamos el poder para cambiar las cosas.

4- ¿Cuál es el rol de las nuevas generaciones en esta construcción? ¿Qué pueden aportar en este sentido?  ¿Qué les dirías?
Lo primero que les diría es que se involucren, que militen, que se apasionen, porque vale la pena intentar cambiar todo lo que deba ser cambiado.
La militancia en DDHH necesita de brazos jóvenes, de fuerza para caminar los barrios, para acompañar a trabajadores despedidos, para denunciar atropellos ante los desalojos de tierras ocupadas o para defender jóvenes discriminados… en síntesis para defender cualquier violación a cada uno de los DDHH.
Creo que los organismos como los conocemos ahora, hicieron un enorme trabajo. Las Madres con Familiares y luego con HIJOS formaron, a partir de lazos familiares, el camino que llevó a cimentar la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Esto es, denunciando, trabajando para los juicios, haciendo el aguante para los juicios y siendo el soporte para que las memorias de los sobrevivientes y expresos dieran elementos para los juicios.
Ahora debemos ser cuidadosos de esos logros y construir memoria cada día. Pero, al mismo tiempo, luchar por los DDHH de forma más abarcativa. Y desde un lugar mucho más amplio que ser familiar o compañero de un desaparecido.
Para cerrar, les diría que piensen siempre en lo colectivo y que se apasionen en la lucha. Es una buena manera de vivir y de salvarse.


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