26 de Noviembre 2020

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11/08/2020

Un proyecto que busca mitigar el encierro del encierro

Claudia Perlo es investigadora de la UNR y CONICET y dirige un proyecto para el diseño e implementación de un dispositivo de educación móvil para cárceles


Tags: educación cárceles IRICE pandemia virtualidad inteligencia afectiva  



El proyecto “Diseño e implementación de un sistema de videoconferencia móvil para la gestión institucional y educativa en contextos de encierro”, fue seleccionado para su financiamiento por el  Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología COVID-19, del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación. La propuesta  tiene el objetivo de poner en funcionamiento un  sistema de videoconferencia móvil que busca constituirse en una ventana al mundo para las personas en contexto de encierro, a partir de la cual podrán ejercer sus derechos fundamentales a la educación, la cultura y el sostenimiento del vínculo familiar.

“Este sistema constituirá no solo una herramienta para el sistema educativo formal, sino que  busca brindar nuevas formas de comunicación y gestión dentro de los servicios penitenciarios:  la realización de visitas socio-familiares, y  la posibilidad de los internos de comparecer ante la justicia, evitando traslados y agilizando los tiempos en el proceso de las sentencias” , detallan los investigadores. 

La propuesta parte de la premisa que existe en la situación de pandemia una limitación de los derechos de las personas privadas de la libertad que puede derivar en situaciones de violencia

La directora del proyecto es Claudia Liliana Perlo,  Doctora en Humanidades y Artes e investigadora del Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IRICE), centro de doble dependencia entre el CONICET y la UNR. 

Desde hace dos años, la investigadora desarrolla un  proyecto en la Unidad Penal Nº 5 de la ciudad de Victoria, Entre Ríos, sobre la educación en contexto de encierro poniendo especial énfasis en la variable cognitiva-afectiva del problema.

“Se trata de poder pensar la variable afectiva en torno a la construcción del delito y las posibilidades de lo educativo desde este lugar, que no es un lugar formal de la educación centrado en lo racional o en la transmisión de conocimientos científicos, sino en la generación de capacidades, aptitudes y habilidades para desarrollar la inteligencia afectiva de las personas, explica la investigadora que previamente había desarrollado proyectos relacionados  con la prevención de la violencia en contextos comunitarios en la ciudad de Rosario. 

Su trabajo en las cárceles busca superar la idea de las instituciones carcelarias como como espacios de reinserción social en una comunidad que previamente los ha excluido. El sentido de esta propuesta busca pensar la educación en su dimensión emancipadora desde una perspectiva biocéntrica, esto es centrada en la vida. El eje es el desarrollo de la identidad a través de la afectividad.

“La pandemia de COVID-19 ha puesto  a toda la sociedad en una situación de aislamiento y limitación de sus actividades, en el caso de las personas privadas de su libertad, se eliminaron  las visitas familiares y se restringió la circulación dentro del mismo penal, cortando o minimizando las actividades educativas y laborales. Si bien las autoridades han tomado medidas para acotar el impacto de estas decisiones y se ha tratado de generar dispositivos para que los detenidos continúen con su educación,  los recursos son escasos, y de ahí nuestro proyecto,  porque si para poder garantizar el acceso a la educación de toda la sociedad faltan herramientas, aún más en el contexto de encierro, donde aún sin pandemia hay muchas problemáticas a   resolver”  señala la investigadora. 

La implementación de aulas virtuales universitarias en centros penales es una experiencia que ya viene desarrollándose en el país, y en el caso de la Unidad Penal 5 de Victoria, el proyecto que implementaremos puede ser la puerta de entrada para  la educación universitaria. En la propuesta se plantean acuerdos con distintas universidades nacionales para el dictado de cursos y el desarrollo de experiencias. 

“El proyecto va dirigido a las 18 personas que dentro del penal terminaron el secundario y se abre la posibilidad de acceder a sus estudios superiores, ya que forma parte de la ley de educación superior, el de alcanzar todos los contextos, incluso los  de encierro” explica Claudia Perlo 

La investigadora aclara que si bien el proyecto apunta a un dispositivo de tipo más tecnológico lo que está buscando es “vincularnos desde un lugar más profundo, que tiene que ver con la posibilidad de reconfigurar las relaciones en la institución penitenciaria. La propuesta  que presentamos para la Unidad 5 es un dispositivo tecnológico con un alto compromiso, filosófico, sociológico y afectivo. Sueño que todas las unidades penitenciarias  (mientras existan) puedan ser centros culturales y universidades desde donde re-pensar el mundo que vivimos.” 

El desarrollo del aula virtual involucra  a las personas privadas de libertad, los docentes y al servicio penitenciario. Su desarrollo se basa en la participación y integración  de estos tres protagonistas.  “No podemos pensar un proceso de  cambio si estas personas no vivencian el trabajo en red, en equipo, bajo condiciones de  equidad y colaboración. Vamos a buscar que la capacitación sea integrando a las personas privadas de la libertad con los docentes en primer lugar y con los penitenciarios finalmente,  lo que estamos buscando es que aprendan juntos.

La investigadora resalta que este trabajo en red es un desafío “con mayúsculas” dada  la gran fragmentación que existe entre todas estas personas actuando en un contexto punitivo. Existen experiencias en el Sistema Penitenciario en las que  se está trabajando con este objetivo,   generando mesas de acuerdo y diálogo para resolver conflictos dentro de los penales. “Vamos a asumir el riesgo de una metodología de integración, y no de la inclusión que sostiene que unos están integrados y no,  porque si bien hay muchas fracturas, grietas y rejas que determinan  un lado y del otro, en definitiva todos  estamos viviendo un grave problema  de “desintegración social”,  remarca la especialista en educación. 

“Yo no estoy trabajando para redimir o salvar a personas en situación de delito, desarrollo esta tarea  porque siento que esta problemática social me pertenece, soy parte,  y creo que puedo hacer un aporte interesante, que en definitiva  va a ayudar  a mejorar mi vida, la de mi familia,  mi red, nuestra comunidad, nuestra sociedad, la de nuestra especie humana. En ese  orden, partiendo de mí, no desde un lugar egocéntrico sino desde un lugar comprometido con los problemas que no son del otro, sino que  son mios, son  nuestros, son de la humanidad”, remarca Claudia Perlo. 

La doctora en humanidades considera que la Pandemia de COVID-19 ha puesto en evidencia “nuestra trágica manera de habitar el mundo, disociada, y nos vino a mostrar de la manera más vívida la teoría de la complejidad, para evidenciar que todo está conectado y no solo a través de Internet, sino que nos une el oxígeno mismo que respiramos y estamos compartiendo con el planeta, y para que entendamos que no podemos afectar algo sin que ese cambio también nos afecte”. 

El equipo de investigación  del   Área de Aprendizaje y Desarrollo Organizacional del IRICE, constituído para este proyecto está encabezado por Claudia Liliana Perlo,  y compuesto también por María del Rosario de la Riestra (UCEL),  Diego Carmona (IRICE- Conicet)  Leticia  Del Carmen Costa (UADER), Leonardo Blanco (UADER) y Esteban Kipen (UNER).


  • Periodistas: Ileana Carrizo
  • Fotógrafos: -