26 de Noviembre 2020

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03/08/2020

Lo que hay dentro del agua

Un equipo de la Facultad de Ciencias Médicas analiza muestras de agua de distintos puntos del país para comprobar su calidad y conformación.


Tags: Investigadores Investigación  



Es mundialmente conocido que el agua es vital para el desarrollo de la vida humana. Esta debe ajustarse a regulaciones establecidas por diferentes Organizaciones, sin embargo los límites obligatorios y recomendados no siempre se respetan. El Centro Universitario en Estudios Medioambientales, radicado en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, analiza constantemente muestras de agua de distintos puntos para comprobar su calidad, desarrollando además un método gráfico e intuitivo para informar a la población sobre los resultados. El proyecto está llevado a cabo por el Director del Centro, Alfredo Rigalli, la Vicedirectora, Maela Lupo y la estudiante de Medicina, Melina Neira.

Rigalli hace más de 35 años que trabaja en la Universidad y desde el vamos se enfocó en estudiar una sustancia que se denomina como fluoruro, acepción que en la actualidad es más o menos conocida porque está presente en los dentrificos. “En esa época se intentaba utilizar para el tratamiento de la osteoporosis. Después de un tiempo no sólo me di cuenta que no servía para eso sino que era un tóxico bastante importante”.

Este hecho obligó a cambiar la orientación farmacológica del profesional, llevándolo a estudiar los efectos tóxicos de la sustancia. “Hay muchos investigadores en el mundo que estudian como neutralizar sus efectos, pero nosotros decidimos mirar la situación de otro lado, buscando neutralizar el consumo por parte de las personas. Es ahí donde empezamos a realizar minuciosos análisis de agua”.

Es así que los especialistas comenzaron a analizar el agua de distintos lugares para conocer si la misma era saludable. “El objetivo es informar a las personas sobre la calidad del agua que están consumiendo, y en la mayoría de los casos los estudios los hacemos gratuitamente o a muy bajo costo, dependiendo del tipo de estudio y la rapidez”.

Los investigadores reciben una muestra del agua y, luego de aplicar los análisis correspondientes, se le entrega a la persona interesada los resultados en un informe detallado. “El mismo contiene todas las mediciones que se le hace al agua aportada. En una columna colocamos los valores de los distintos componentes de la muestra y en otra los máximos aceptados. Buscamos que quién recibe el informe pueda comprenderlo y no se quede con ninguna duda”.

No todos los componentes tienen la misma importancia a la hora de determinar la potabilidad del agua, pero el Rigalli explicó que hay que poner especial atención en algunos en particular, como son los valores de fluoruro y arsénico. “A estos, la Organización Mundial de la Salud los eligió como los más tóxicos que puede haber en el agua. El problema con estas es que no son detectables con simplemente probar el agua, porque no tienen ningún sabor en especial. Si mientras estamos realizando el análisis observamos una concentración mayor de estos componentes, le avisamos al instante a la persona aunque todavía no esté finalizado”.

Otros compuestos con los que hay que tener cuidado son los nitratos y nitritos, que al consumirse en una cantidad elevada puede producir defectos a la hora del transporte de oxígeno a la sangre, ya que afecta a la hemoglobina, e hipotiroidismo porque puede inhibir ciertos procesos en las tiroides. Habitualmente estos se asocian a contaminaciones en el agua producidas en pozos ciegos.

Teniendo en cuenta la extensa base de datos construida, que supera las 400 muestras, el equipo aplica una estrategia de análisis de los componentes principales, o mejor conocida como PCA, la cual permite delimitar en un plano donde estarían las aguas de mala calidad. “Estamos diseñando un mapa para incorporarlo al informe, donde mostramos con puntos negros donde están las aguas potables y donde no, ubicando en él la muestra entregada. Otro elemento que queremos es un sistema de colores al estilo del semáforo. Son sólo algunas de las tantas opciones que estamos desarrollando para facilitar y simplificar la comprensión del informe. Sabemos que tantos valores pueden confundir a una persona que no esté especializada en el tema y lo que buscamos juntamente es que todos puedan acceder a esta información”.

Un servicio para la comunidad

Los especialistas reciben muestras directamente en la Facultad de Ciencias Médicas, donde se encuentra el Centro Universitario de Estudios Medioambientales. “Hacemos todos los análisis que podemos en forma gratuita y en algunos casos pedimos una mínima y baja colaboración sobretodo para costear los insumos utilizados. La idea de esto es poder aumentar el número de muestras analizadas. Siempre me gusta dejar en claro que es totalmente voluntario y que sirve para seguir optimizando el estudio”.

Hay distintos tipos de análisis, que dependiendo de la profundidad, tienen distintos tiempos de desarrollo: desde 8 horas hasta un mes. “Cuando la situación no apremia, el estudio que lleva treinta días es el más optimo ya que nos da tiempo de trabajo y además reduce considerablemente los costos del mismo. Pero cada análisis depende de las urgencias y de los costos disponibles. También tiene relación de la zona de donde provenga la muestra, ya que si intuimos que hay altas posibilidades de que esté contaminada es necesario agilizar los tiempos para evitar que se siga consumiendo”.

Asimismo, Rigalli subrayó la labor de Melina Neira dentro del proyecto. “Que los estudiantes se involucren es una cuestión muy importante porque además le da una visión renovada a lo que venimos haciendo. Tratamos de reconocer lo máximo posible a cada uno de los miembros del equipo, y en especial a los estudiantes, porque trabajan con mucho compromiso dentro del Laboratorio. Sin su aporte sería imposible llevar adelante estos análisis”.

Las vías de comunicación disponibles son la fanpage de Facebook (Centro Universitario de Estudios Medioambientales), la cuenta de Instagram (CUEM) y el correo electrónico: arigalli unr.edu.ar

Derribando mitos

Los investigadores no sólo cuentan con muestras locales, sino que de muchos rincones del país. Incluso, también poseen de algunos lugares del exterior, aportadas por estudiantes que han viajado. El mayor porcentaje de la muestra corresponde a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y La Pampa. El objetivo es realizar un muestreo completo de que se consume verdaderamente.

Otro tema de sumo interés para Rigalli, y que se desprende del anterior, gira en torno a que es lo que hace que una persona cambie su patrón de consumo de agua. “Veo muchas veces en el supermercado un porcentaje elevado de personas llevando agua mineral, cuando en realidad ese producto tiene más concentración de sustancias que la que tiene el agua de Rosario. Muchas veces se cree que el agua de acá es de mala calidad, pero en realidad es una de las más limpias. Tiene muy pocas sustancias, y de las que son tóxicas no tiene nada”.

Es así que tener una gran medición y entender el patrón de comportamiento son dos temáticas que van ineludiblemente de la mano. “Hace tiempo hicimos una breve encuesta y nos sorprendimos por los resultados. Encontramos a personas que dejan de tomar el agua de la canilla porque un allegado le dijo que era tóxica cuando en realidad no era así. Se maneja mucho con el boca en boca y se asume como verdad absoluta. Rosario tiene una excelente calidad de agua potable y es un bien muy preciado para la región”.


  • Periodistas: Gonzalo J. García
  • Fotógrafos: Camila Casero