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Noticias

18/06/2018

Una costumbre poco saludable

Docentes de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario realizan talleres con alumnos de escuelas secundarias para hablar sobre mitos y verdades del consumo de alcohol


Tags: alcohol adolescentes consumo efectos química toxicología extensión fbioyf  



“Alcohol: Uso y abuso” es un proyecto de extensión educativo, dirigido por Valeria Cholich, para ampliar el conocimiento que tienen los adolescentes sobre los efectos nocivos que el consumo de alcohol etílico o etanol produce en el organismo.

 

La iniciativa surgió de la experiencia de la docente al participar junto con profesores de su área en la Semana de la Química, jornada que organiza todos los años a principio del mes de agosto la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas y busca acercar la disciplina a estudiantes de nivel medio. “Allí notamos que los chicos no tienen mucha idea sobre cómo actúa el alcohol en su organismo y cuáles son los efectos tóxicos. Para ellos el alcohol es un estimulante porque provoca desinhibición, lo cual es un concepto totalmente erróneo”, detalla la investigadora.

 

Las docentes de la UNR comprobaron el gran interés entre estudiantes y profesores del secundario sobre las propiedades, usos y efectos toxicológicos del alcohol y decidieron de esta manera trasladar la experiencia a las escuelas secundarias. Cholich es docente e investigadora del área Toxicología y junto con Gabriela García, de Tecnología Educativa, graduados y alumnos de diferentes carreras de la Facultad, decidieron brindar a los alumnos una mirada más científica sobre lo que es el alcohol etílico y cuáles son sus efectos en el organismo.

 

El alcohol etílico, etanol o simplemente alcohol es una sustancia de importancia toxicológica dada su acción depresora del sistema nervioso central. Al ingresar en el organismo genera en pocos minutos alteraciones en el sistema nervioso central. Inhibe progresivamente el funcionamiento de los centros cerebrales superiores y produce desinhibición conductual y emocional. Aunque en un principio parece estimulante por la euforia que provoca, esto no es más que la sensación que se origina cuando el alcohol produce inhibición sobre los centros cerebrales responsables del autocontrol. Conforme aumenta la concentración de alcohol en sangre, produce una depresión no selectiva del cerebro deteriorando la función psicomotora, la percepción sensorial, hasta alcanzar los centros vitales respiratorio y vasomotor, pudiendo llevar al coma y la muerte.

 

El proyecto trabaja sobre el uso y abuso del alcohol desde una perspectiva interdisciplinaria química, biológica y toxicológica e interinstitucional, con alumnos de cuarto y quinto año de escuelas medias de la ciudad.

 

“Los chicos  tienen muy baja percepción de los riesgos del consumo. El alcohol es un depresor del sistema nervioso que actúa muy lentamente, comparado con otras sustancias que producen más rápido somnolencia  y generan desvanecimiento”, explicó la profesional y agregó: “El etanol,  al actuar más lentamente,  produce  esa sensación de desinhibición tanto de las conductas como de las emociones, debido al efecto inicial que puede hacer que las personas actúen de manera que normalmente no lo harían, como gritar en lugares donde no está permitido, orinar en la vía pública, andar desnudo.  Y si  la concentración de alcohol aumenta en sangre  los efectos tóxicos se hacen cada vez más peligrosos, como pérdida del equilibrio, disminución de la visión, somnolencia, depresión respiratoria desvanecimiento y hasta pudiendo llegar al coma alcohólico”.

La docente señala que muchos  jóvenes suelen consumir grandes cantidades de bebidas alcohólicas en muy poco tiempo y eso produce los efectos tóxicos más serios. A veces son bebidas con una alta graduación alcohólica y lo hacen sin ingerir alimentos, además dada su condición de adolescentes “muchas veces sus pares no saben de qué manera reaccionar  y  se puede producir un desenlace fatal”.

 

Las bebidas alcohólicas son drogas legales porque cuentan con una edad mínima en la cual está permitido consumirlas, en Argentina es a partir de los 18 años. Se considera que la última etapa del desarrollo del cerebro culmina aproximadamente a esa edad  y que  recién a partir de ese momento de la vida, una  persona  tendría la  capacidad para asumir los riesgos de sus actos y sus consecuencias. 

 

Según datos de la  Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar), en 2017 el 60% de los adolescentes había consumido alcohol en el último mes y la edad de iniciación de esta bebida está entre los 12 y 13 años, mientras que el mayor momento de consumo son los fines de semana.

 

“La llegada del alcohol a la sangre desde el estómago e intestino se va a ver facilitada o retardada por distintos factores, uno de ellos es la ingesta de alimentos, especialmente con alto contenido graso, que hace que la absorción del alcohol hacia la sangre sea más lenta y la acción tóxica sobre el cerebro sea menor”, señala Cholich

 

Los efectos del etanol en el sistema nervioso central también están vinculados a la capacidad del hígado de metabolizar esa molécula. Esta capacidad del organismo para biotransformar al alcohol y que pueda ser eliminada es limitada, cuando el sistema se satura el alcohol se acumula al no poder metabolizarse.

 

El alcohol etílico es metabolizado en hígado por oxidación a través de diferentes enzimas a acetaldehído, después a ácido acético y finalmente a dióxido de carbono y agua.

 

Cuando se consumen grandes cantidades de alcohol, se pueden observar unas horas después síntomas desagradables como nauseas, sudoración, vómitos, cefaleas, sensibilidad a la luz, y es debido a la acumulación de acetaldehído en el organismo que no pudo ser metabolizado, siendo uno de los principales causante del cuadro denominado “resaca”.

 

El objetivo del proyecto es lograr que  los adolescentes adquieran mayor conocimiento  en torno al consumo del alcohol, que sepan lo que les produce y por qué,  y si es posible lograr el cambio en su forma de consumir, y que se transformen en promotores de salud entre sus pares.

 

Por el momento, el proyecto se está llevando a cabo con alumnos de los últimos años de la escuela media, porque tienen una noción más avanzada de química lo que permite desarrollar talleres  interactivos con actividades experimentales. Cholich señala que los docentes de las escuelas secundarias pretenden trabajar con alumnos de todos los años dado que es una problemática que a las escuelas les resulta  difícil abordar y a veces no afecta solo a los estudiantes sino en muchos casos a  sus familias y amigos.

 

“Más adelante, nos gustaría incorporar en el proyecto a psicólogos o trabajadores sociales que nos ayuden a profundizar en la problemática sobre el consumo de alcohol y en las respuestas que podamos brindar a los adolescentes”, sostuvo.

Infografía: Natalia Fernández Báez 

Este proyecto  actualmente se está desarrollando en dos escuelas públicas de la ciudad, ubicadas en zona oeste y norte. Los establecimientos educativos que quieran saber más sobre el programa o formar parte del mismo pueden escribir a vcholich@fbioyf.unr.edu.ar


  • Periodistas: Ileana Carrizo
  • Fotógrafos: Camila Casero

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